domingo, 3 de febrero de 2008

Al filo de la navaja


Se estrena este jueves 7 y es imperdible. Sweeney Todd Viene precedida de críticas gloriosas (el New York York Times dijo que estaba muy cerca de ser una obra maestra) y supone una de las mejores entregas de Burton-Depp. La banda sonora, al menos, es de lujo.
Esto salió hoy en el suplemento Radar de Página 12. Está de lujo...








El corte inglés
Tim Burton y Johnny Depp vuelven a asociarse. Ya hicieron El joven manos de tijera, Ed Wood, La leyenda del jinete sin cabeza, El cadáver de la novia y Charlie y la fábrica de chocolate. Ahora le toca a Sweeney Todd, la historia de un barbero en la Londres victoriana que venga la humillación de su familia degollando clientes cuyos cadáveres hace desaparecer en tartas de carne. Mito popular emparentado a Jack el Destripador, objeto de folletines, media docena de adaptaciones fílmicas y un musical que fue un éxito en medio mundo, el personaje de Sweeney Todd puede ser visto como una denuncia del canibalismo capitalista, una versión anglosajona de las óperas de Brecht y Weill, y una venganza contra el ninguneo intelectual a las viejas películas de la Hammer. Pero la versión de Burton y Depp es, sobre todo, un musical que deja atrás cualquier interpretación para ofrecer una deslumbrante belleza visual hasta el “Corten” final.

Por Mariano Kairuz
“¡Por fin: mi brazo vuelve a estar completo!” Empuñando la navaja de barbero, el filo letal con el que acaba de reencontrarse, extendiéndola hacia la ventana y recibiendo un haz de luz que proviene del gris exterior –una Londres putrefacta, llena de muerte, de progreso y de pobreza–, Johnny Depp se complementa una vez más con su mitad inseparable: Tim Burton, que vuelve a tomar una fábula ajena para alimentar a ese monstruo insaciable que es su imaginario personal. Unidos por ¡sexta! vez (De El joven manos de tijera a El cadáver de la novia, pasando por Ed Wood, La leyenda del jinete sin cabeza y Charlie y la fábrica de chocolate), en un torrente de sangre falsa, Tim y Johnny, Burton & Depp, se apropian de un musical inglés que fue éxito en Broadway, pero antes fue obra de teatro a secas adaptada varias veces al cine y nacida en algún momento a mediados del siglo XIX de un folletín sensacionalista. La frase sobre el brazo que vuelve a estar completo ya estaba en el musical, estrenado hace 28 años, cuando el futuro director de Batman era un estudiante del famoso Instituto Californiano de Artes, pero parece haber sido escrita pensando en él, en la obra que todavía no era. Alan Parker y Sam Mendes quisieron filmarla, pero Sweeney Todd era la tela perfecta para que Burton siguiera pintando su universo y en esa predisposición se aloja lo mejor y lo peor de la película, que sí es absolutamente burtoniana y a esta altura, como contracara, por repetición de temas y obsesiones, también es un poco burtonanista.

LONDRES TE MATA
Para empezar, hay que decir que no se sabe de dónde proviene realmente el mito urbano. ¿Existió Sweeney Todd, de verdad, como Jack el Destripador? (¿Existió realmente Jack el Destripador?) Hay quienes aseguran que sí; existe un libro de un tal Peter Haining que incluso indaga en las pistas que sobreviven del paso del Todd verdadero por este mundo, pero nadie le da demasiado crédito. El primer registro que existe del personaje es en un penny dreadful, uno de esos folletines sanguinolentos ingleses que abundaban en los 1800; esta historia apareció en The People’s Periodical en noviembre de 1846, en un relato titulado A String of Pearls: A Romance, firmada por un tal Thomas Peckett Prest, autor de otros argumentos policiales aparentemente inspirados en informes criminales verdaderos. De acuerdo con este cuento, Todd fue juzgado en el tribunal de Old Bailey y colgado en público en enero de 1802, aunque no queda constancia, ni penal ni periodística, del juicio. Como sea: su leyenda urbana circuló ampliamente y enseguida alimentó ficciones cada vez más recargadas: ya para 1947 había sido convertida en un melodrama teatral por el escritor George Dibden Pitt y puesta en escena con mucho éxito en el Britannia Theatre de Hoxton, con el título de Sweeney Todd: el barbero demoníaco de la calle Fleet, donde se lo acreditaba como “basada en un hecho real”. Recién salido de la cárcel –donde según alguna versión aprendió el oficio–, Todd montó su propia barbería, desde la cual despachó al menos a 150 clientes, para tomar el dinero –y los relojes y las joyas– que pudieran llevar consigo y deshacerse de sus cadáveres con la ayuda de su socia, amiga y amante, la señora Lovett, cocinera del local de abajo. Esto es, proveyéndole carne humana para sus tarteletas. Una historia de chorros de sangre yugular y canibalismo para sacudir al público victoriano.

UN SABOR EN-CANTADOR
La versión contemporánea de la historia de Sweeney Todd existe desde 1973, cuando el dramaturgo Christopher Bond la reescribió en clave de tragedia romántica y, buscando generar empatía en el público, les asignó un motivo a los crímenes cometidos por el protagonista. El barbero asesino ya no estaba más tras el dinero de sus víctimas como en sus para entonces varias representaciones cinematográficas (ver recuadros) y televisivas sino que mata para vengar su desgracia. Sobre esta adaptación es que Hugo Wheeler y el compositor Stephen Sondheim modelaron la obra musical por la que más se conoce la historia en la actualidad. En la obra, Todd entra en escena con un tortuoso pasado sobre sus espaldas. Su nombre es en realidad Benjamin Barker, y al comenzar el relato regresa a Londres tras pasar 15 años en la cárcel acusado de un crimen que no cometió. El hombre que lo confinó es un inescrupuloso juez londinense que se lo saca de encima con la intención de quedarse con la bella esposa con la que Barker llevaba, se indica, una vida de ensueño. A poco de desembarcar de una nave comandada por el joven y optimista marinero Anthony Hope, Todd llega hasta su antiguo domicilio y allí lo pone al día la señora Lovett, que atiende en la planta baja el puesto con “los peores pasteles de Londres”. Ella le cuenta de la violación de su mujer por el juez, y cómo ella enloqueció y se envenenó, y cómo la pequeña hija de Barker quedó entonces bajo la tutoría del magistrado. Todd se jura a sí mismo venganza y el resto de la historia continúa como ya se conocía: los gaznates rebanados de los habitantes “pudientes” de la capital, cuyos cuerpos sin vida van a parar al horno de la pastelera a través de una ingeniosa silla-trampa que ya existía, aparentemente, en las representaciones del siglo XIX (y que puede verse en la adaptación para cine de los años ’30). Sweeney Todd: The Demon Barber of Fleet Street, el musical, subió a escena en 1979 con el actor Len Cariou y la veterana Angela Lansbury. Esta puesta está editada en DVD (no acá, pero si uno se da maña, se consigue) ya que en 1982 fue grabada para la televisión inglesa (con otro actor, George Hearn) por los directores Terry Hughes y Harold Prince.
Los críticos que más apreciaron la obra vieron en ella elementos operísticos que remiten a Kurt Weill y a Bertolt Brecht, algo de la intensidad y de la chirriante disonancia de las orquestaciones de Bernard Herrmann (el gran socio musical de Alfred Hitchcock); una línea literaria que sigue la descripción de la decadencia y la podredumbre del capitalismo en el centro financiero del mundo que recuerda inevitablemente a Dickens. Harold Prince, el codirector de la televisación de la puesta, dio en alguna entrevista su lectura de la historia como una alegoría sobre el capitalismo y “la terrible lucha por salirse de la clase en la que nacimos...”. Y lo cierto es que no hay que pensarlo mucho para verlo porque las letras de las canciones son más bien gráficas al respecto, definiendo una Londres corrupta y podrida, moralmente muerta, donde lo corriente son el maltrato y abuso de los niños (condensado en un personaje que se convierte en el ayudante y casi hijo adoptivo de Mrs. Lovett), los locos confinados a los asilos y los desposeídos que atestan las calles en general. Uno de los personajes que va anticipando, agorero, la resolución trágica de la historia, es una mendiga: “La ciudad arde”, grita en uno de los números musicales, denunciando sin que nadie le preste atención el humo negro que asciende desde los locales del barbero y la cocinera.
“¿Qué es ese sonido del mundo allá afuera? / Esos ruidos crujientes que invaden el aire / Es el hombre que devora al hombre, querida / ¿Y quiénes somos para negarlo acá?” El tema del canibalismo termina de redondear las pretensiones simbólicas (capitalismo = canibalismo) de la obra en una de las canciones con más sentido del humor: “La historia del mundo, mi amor / Consiste en que aquellos de abajo sirven a los de arriba / Qué gratificante es saber que por una vez/ Los de arriba servirán a los de abajo”. ¿A quién devorarse, se preguntan Todd y Lovett de frente a la calle? Descartan al poeta para relleno, y eligen al juez, al cura, al dandy. El local será llenado por las masas ruidosas, desordenadas, que por una vez se alimentarán de los poderosos.
Sus adeptos también acreditan a Sweeney Todd el haberse adelantado al gran musical de Broadway que se animó a los temas oscuros, a la sangre, a los psicópatas y a los asesinos seriales; a esa cosa que llaman “grusical” (gruesome = horripilante + musical). Obras como Jack el Destripador, Jekyll & Hyde, El Fantasma de la Opera. Un género que volvió digeribles para el público masivo –e incluso familiar– esas catarsis sanguinolentas que en el cine siguen reservados a un nicho marginal, y que lo hizo a través de canciones a veces demasiado “lindas”, incluso dulces, melodiosas y hasta encantadoras para aquello que están contando. (Finalmente, no es más que una cuestión de gustos imposible de dirimir: sin haber visto la versión teatral, alcanza con asistir a la adaptación al cine de El Fantasma de la Opera de Andrew Lloyd Webber que hizo Joel Schumacher hace unos años para darse una idea de que éste es un género que pone a prueba al espectador más curtido.) El Sweeney Todd cantarín triunfó en su país, en Broadway, en Los Angeles, y paseó por Europa, por Japón y por Australia, y volvió infinidad de veces a los escenarios de Inglaterra; una de las últimas en la Royal Opera House, asegurándole ese lugar que la distingue de los productos que –como el cine de terror clase B, como las películas de la Hammer– siguen hundidos en el fango de lo popular en la consideración de muchos que todavía se niegan a tomarlos como cosa seria.

LONDRES ROJO SHOCKING
Y entonces, la película del monstruo de dos cabezas, Burton y Depp, reunido y completo una vez más, con su precisión de cirujano para operar sobre una obra ajena y moldearla a lo que ellos dos ya probaron que saben hacer. Burton vuelve a filmar en Inglaterra donde tan cómodo se sintió 18 años atrás, cuando recreó Ciudad Gótica, y hace entrar en pantalla a Depp cantando apesadumbrado que “No hay lugar como Londres”. El tema alegórico central de la obra de Sondheim sigue ahí, y Depp/Todd se enciende y se oscurece en la canción que dice: “Hay un agujero en el mundo / Como un enorme pozo negro / Y la escoria del mundo / lo habita / Y sus morales no valen ni un escupitajo de cerdo / Y se lo conoce por el nombre de Londres / en la cima del mundo / Se sientan los pocos privilegiados / burlándose de los gusanos / en el zoológico de abajo, / convirtiendo la belleza en mugre”. La película lo retoma casi al pie de las letras (de las canciones, que están casi todas), pero a Burton le importa menos la metáfora capitalismo = canibalismo que fagocitarlo todo y regurgitarlo a través de su propio universo. Porque lo de Burton, está claro una vez más, son las imágenes, y esa dirección de arte soberbia, ese sentido del artificio capaz de crear un cuadro hipnótico por plano. Burton de nuevo, tan distinto de los demás y tan igual a sí mismo. Y Helena Bonham Carter –la señora Lovett, cuyo carácter en el fondo soleado está diseñado para chocar con el de Todd– es radicalmente distinta de la más grotesca Angela Lansbury del teatro, porque finalmente su palidez y sus ojeras perfectas y su pelo perfectamente desarreglado la convierten en otra muñeca alternativamente de trapo y de porcelana como las que Burton ya nos mostró en sus otros dos musicales, El extraño mundo de Jack y El cadáver de la novia: esta fantasía no está menos repleta que aquellas dos de muñecos y muñecas que cualquiera se llevaría a su casa.
Esta puede ser la película más realista del director, y a la vez los referentes visuales de su barroquísima apuesta confabulan contra todo realismo, narrando una vez más el espanto a través de los cuadros –casi óleos– más hipnóticos, recurriendo a la sangre rojísima y totalmente falsa que estaba en el cine de la Hammer y está en el de Dario Argento; o a ese diseño urbano de iluminación a gas, inspirado parcialmente, dice Burton, en una película de 1945 llamada Concierto macabro (Hangover Square, un melodrama acerca de un compositor asustado de su propio Mister Hyde en la Londres de principios del siglo XX). Una vez más Burton se muestra capaz de fascinar y decepcionar a la vez, abrumando. Las diferencias con sus mundos anteriores son sólo aparentes: si bien la muerte ya no es el evento festivo de Beetlejuice o El cadáver de la novia, acá sigue sin ser del todo verdadera, quizás hasta los tramos finales. (Incluso hasta llegar a ese desenlace trágico, ninguna de sus muchas muertes supera en tristeza a la partida de Vincent Price, cuando deja inconcluso a El joven manos de tijera.) De nuevo, la caprichosa, arbitraria atracción por la oscuridad. La crítica de Salon.com Stephanie Zacharek acusa a Sweeney Todd de “ser mucho subtexto y nada de sustancia”, un cargo que ya se le había echado encima varias veces a Burton, junto con el de ser un “esteta” no demasiado preocupado por pormenores argumentales, al que ahora se suma el pesadísimo lastre del cancionero (en especial, el hilo secundario de la historia de amor de la virginal hija de Todd y el marinero, insufrible).
Pero ocurre una vez más: la sucesión de imágenes encandilantes del Sweeney Todd de Burton y Depp nos arrastra hacia su interior y termina por sumergirnos en su vórtice visual sin fondo. E incluso el vacío se vuelve irresistible.

Las versiones anteriores

Todd x Tod
(Sweeney Todd: The Demon Barber of Fleet Street; 1936, de George King)

Las primeras dos veces que la historia de Sweeney Todd fue llevada al cine fue antes del sonoro. Una tuvo lugar en 1926, protagonizada por G.A. Baughan y dirigida por el inglés George Dewhurst, y aparentemente reinventada como comedia. Dos años después, con Moore Marriot y dirección del también británico Walter West. El primer ST cinematográfico que todavía hoy puede verse con relativa facilidad fue el que dirigió George King, en 1936, con un reparto encabezado por un actor que había representado al personaje miles de veces sobre tablas, de sugestivo nombre artístico: Tod Slaughter (Tod “Matanza”). Con 51 años de edad, interpretó al barbero como un demente y un perverso sin redención, motivado sólo por la codicia. Aunque no se hace explícito que los cadáveres de los distinguidos clientes de Todd fueran a parar a los pasteles de Mrs. Lovett –probablemente por la censura de la época–, sí se lo sugiere en un par de momentos de negrísimo humor. Lo que está claro es que esta versión no postula ninguna revancha de los pobres: la hija de un hombre acaudalado, a la que aspira Todd, terminará en brazos de un marinero que al principio de la película no tiene una libra partida al medio, pero al terminar ha heredado una pequeña fortuna gracias a un pretexto confuso y poco creíble. Alguien ha dicho que “si los victorianos hubiesen hecho películas, hubieran sido películas como la de Tod Slaughter”.
Pasteles carnales
(Bloodthirsty Butchers; 1971, de Andy Milligan)
Otra adaptación previa al guión de Christopher Bond que romantizó al personaje, en esta producción de un director especializado en berretadas bien gore de bajísimo presupuesto. Todd volvía a ser un cretino desalmado e impiadoso que cortaba los gaznates de sus clientes para quedarse con su dinero. Acorde con el espíritu del cine sangriento de su época –y con el precedente de las hipersexuadas sagas vampíricas de la Hammer Films–, la alta cocina de trozos humanos se muestra de manera bien gráfica: quienes la vieron (en Internet se consigue una copia en italiano, pero ya está editada en DVD en Inglaterra) no olvidan la tarta-con-seno-femenino y la imagen del pezón que sobresale. Sweeney (John Miranda) está casado con una mujer alcohólica, pero se acuesta con todas las prostitutas de la ciudad; la señora Maggie Lovett (Jane Helay) vive con su marido inválido y pone a punto sus delicatessen con la asistencia del sádico Tobias (Berwick Kaler); a ellos se suman unos cuantos personajes coloridos –una cantante de cabaret, una drag queen– y situaciones sórdidas que pasan menos por “sofisticación argumental” que como excusa para un plato sensacionalista bien de género.
Gandhi se pone violento
(The Tale of Sweeney Todd, 1998, de John Schlesinger)

El prolífico director de Perdidos en la noche y Maratón de la muerte filmó, ya veterano, un lustro antes de su muerte, esta versión encargada por la televisión inglesa que decide ignorar los agregados de Christopher Bond. Esta vez es Ben Kingsley quien se pone en la piel del barbero asesino, junto a Joanna Lumley (de la serie Absolutely Fabulous) como su amante y socia criminal. Campbell Scott (a quien Schlesinger había dirigido en El inocente) interpreta a un norteamericano que presiente que pasan cosas nada normales en la casa de comida de la señora Lovett. Difícil de ver por acá, la crítica de su país no la apreció demasiado, ni encontró su humor macabro muy divertido, ni muy terrorífico.
El mejor monstruo
(Sweeney Todd, 2006, de Dave Moore)

Sorpresa: la historia del barbero demoníaco según este telefilm de la BBC que se consigue en los videoclubes argentinos oportunamente desde el mes pasado, es probablemente la mejor de todas. El guión de Joshua St. Johnston aspira a crear un retrato realista del personaje, interpretado por el gran Ray Winstone (Los infiltrados), que lo convierte en un “alma dañada” sobre el fondo de una Londres mugrienta y cruel, “llena de –dice St. Johnston– excrementos, adictos, vagabundos, bebés muertos; no la Inglaterra georgiana la que se nos suele exponer”. Tras salir de la prisión en la que pasó veinte años por culpa de su padre –que reaparecerá para atormentarlo–, su primera víctima será un guardiacárcel bravucón que le recuerda los tratos inhumanos de su infancia. Hombre honrado al fin en su negocio, este Todd que es barbero-cirujano se gana el respeto de un juez y de un detective, que no sospechan que él sea el monstruo que está asolando la ciudad, y enamora a la señora Lovett, a quien le hace un aborto y toma como su protegida. Su relación con ella es complicada: se niega a tener sexo cuando ella se lo ofrece, pero la espía cuando se acuesta con sus clientes –por lo que termina contrayendo sífilis–, para luego descuartizarlos. Formalmente televisiva, mucho menos inspirada visualmente que la de Burton, se compensa en el guión.

Siempre tendremos a los muertos
Aunque Depp insista en que la idea del mechón blanco para su personaje se la dio un sobrino, se sabe que él y Burton volvieron a echarle un vistazo a una película de 1939 llamada El regreso del Doctor X, rara incursión de Humphrey Bogart, pre-Casablanca, en el fantástico, como un perverso hombre de ciencia regresado de la muerte. Ahí otra historia perfecta para Burton, una sacudida violenta y centrífuga capaz de sacarlo de sus círculos concéntricos de siempre: por un lado, una anécdota mínima servida para una multitud de ocurrencias deformes de formas y colores, y por otro, la búsqueda de nuevos pares posibles con los cuales complementarse como lo hace con Depp. El, que revivió a Vincent Price a tiempo y que lo convocó a Christopher Lee, pero que llegó lamentablemente tarde para Lon Chaney y Peter Lorre; imagínense nada más una de Burton con un Humphrey Bogart vuelto de la muerte, convertido en otra encantadora y terrorífica criatura coleccionable.


Lo que sabemos
Por Johnny Depp y Tim Burton

Tim Burton: Hay sociedades en las que una persona es buena para algo y la otra es buena para otra cosa. Y eso es así en nuestro caso. Además, estamos muy conectados en términos de gusto.
Johnny Depp: Incluso cuando nos encontramos por primera vez, conectamos en los niveles más absurdos.
Burton: Una fascinación por objetos artísticos raros de los ’70.
Depp: Cuando era chico, yo tenía una cobra de concreto pintada con spray dorado.
Burton: Somos de partes diferentes de Estados Unidos. Pero tenemos una suerte de conexión white trash, de haber crecido en suburbios populares. ¿No es cierto?
Depp: Sí.
Burton: Y las historias que nos asustaban de chicos.
Depp: El señor Green Jeans.
Burton: Ver a Humphrey Bogart interpretando a un monstruo. Sólo hizo una película de terror y...
Depp: Ambos la conocíamos.
Burton: El regreso del Dr. X. Cuando surge algo como eso, uno se da cuenta de que es perfecto. Cosas que normalmente no surgen en las conversaciones de la mayoría de la gente aparecen muy a menudo en las nuestras.
Depp: Nuestras conversaciones están llenas de atajos.
Burton: Solemos hacernos referencias cruzadas a cosas que no tendrían sentido para una persona normal.
Depp: Una vez, Tim y yo estábamos conversando justo antes de prepararnos para filmar. Después de rodar, un técnico se me acercó con una mirada absolutamente perpleja en el rostro, y me dijo: “Estuve observándolos mientras hablaban de la escena durante los últimos quince minutos”. ¿En serio?, le pregunté. Y me dijo: “No entendí una puta palabra de lo que decía ninguno de los dos”.
Burton: Eso lo dice todo.
Depp: Jamás hemos discutido.
Burton: Creo que no. Hemos tenido diferencias de opinión y una postura diferente sobre ciertas cosas.
Depp: Pero incluso en ese tipo de situaciones, Tim simplemente dice: “Okey, hacelo como a vos te parece y después lo hacemos de la otra manera”.
Burton: Por lo general estamos de acuerdo. Cuando recién empezábamos con Sweeney Todd, Johnny me dijo: “Hay una sola cosa que no puedo hacer. No puedo llevar a Anthony al hotel”.
Depp: Yo había escrito un enorme signo de interrogación en esa página del guión.
Burton: Cuando abrí mi guión en esa misma página, me di cuenta de que lo había tachado.
Depp: Tim ha tenido que pelear mucho para meterme en sus películas tantas veces.
Burton: Siempre tenemos que pelear. Tenemos que pelear para hacerlas; extrañamente, en el caso de Sweeney Todd no fue tan duro, aunque debería haberlo sido. Deberían haber salido corriendo a los gritos hasta la montaña con esta película. Un musical sangriento no apto para todo público protagonizado por alguien que ni siquiera sabían si podía cantar. Es decir, por Dios: hay un cierto nivel de confianza involucrado en el respaldo a un proyecto así. Es estimulante cuando te confían algo así. Eso me resulta energizante y me reafirma. Me hace sentir bien.
Depp: Y te dan ganas de hacer un buen trabajo para ellos, también.
Burton: Absolutamente. Siempre recurrí a una analogía deportiva para describir la contracara de eso. Sos un corredor y estás a punto de correr la gran carrera, y entonces alguien viene y te recontracaga a trompadas y te después te dicen: “Okey, andá y ganá la carrera”. Te recontra cagaron a trompadas justo antes del momento en que se supone que tenés que mostrar tu mejor performance. Y es lo que pasa la mayor parte del tiempo. Pusimos nuestras fichas en vos, no importa que recién te hayamos roto las putas piernas. Pero no sería hacer películas si fuera fácil. Tiene que ser una lucha. De lo contrario, te estás dejando llevar por la inercia.
Depp: Siempre está ese momento en cualquier película en el que decís: “Bueno, ahora es ese momento. Estoy a punto de darme la jeta contra una pared, y quizá podría simplemente entregarme y ver qué pasa”. Así era cuando empecé a cantar las canciones por primera vez. Me sentí simplemente como un idiota. Fue una de las cosas más bizarras y expuestas que hice jamás. Me refiero a, a los 43 años de edad, es la primera vez que canto una canción entera hasta el final.
Burton: Fui a hacer los castings de otras personas, y siempre quedaba devastado y exhausto. Sentía que estaba probando gente para una película porno. Que la gente venga a presentarse y cantar era como hacerlos venir y desvestirse. Sentí que los estaba exponiendo.
Depp: Es verdad. Ya me he casado dos veces con la mujer de Tim: en El cadáver de la novia, Helena era el cadáver. Y luego en Sweeney Todd.
Burton: ¿Qué sos, una especie de... cómo se llaman? ¿Vivís en Utah? ¿Sos uno de esos tipos?
Depp: Mi verdadero apellido es Osmond.

Into the Wild

Into the Wild es la película que más quiero ver este año. Fue ninguneada por los Oscar pero da igual. Sean Penn, maestro, está nuevamente tras la cámara. Este es un artículo publicado por La Nación. Es para calentar motores para cuando llegue la película, que todavía no tiene fecha de estreno en Chile...





La ruta salvaje de Sean Penn

El filme narra la historia de un joven de 24 años que regaló todas sus pertenencias y escapó hacia Alaska sin ni un peso en el bolsillo. La música es de Eddie Vedder.

Alaska es para los estadounidenses un territorio mítico. Una zona de naturaleza que ni el acelerado desarrollo durante la II Guerra Mundial ni el posterior descubrimiento de petróleo pudo domar.
Chris McCandless tenía 24 años cuando rompió sus documentos, donó todos los ahorros de su vida y comenzó su camino hacia el noroeste. Se cambio el nombre a "Alexander Supertramp" y mientras se perdía por Arizona, California y Dakota buscaba trabajos temporales para comer y dormía donde lo pillara la noche. Había nacido en Virginia, al otro extremo del país y se había titulado de historiador y antropólogo. Sus padres, que trabajaban en la NASA, no pudieron encontrarlo.
Su historia terminó con su muerte en un bus abandonado donde sobrevivía en Alaska y fue cubierta por Jon Krakauer para la revista Outside en 1993. Él encontró su diario de vida, recorrió los mismos caminos y terminó escribiendo un best seller de no ficción llamado "Into the wild".
Sean Penn lo leyó y vio en McCandles todo lo que le interesaba decir para regresar a la dirección. Luego convenció a los padres de McCandless para que lo autorizaran a escribir el guión, llamó a Eddie "Pearl Jam" Vedder para musicalizarla y se fue con Emilie Hirsch (que encarna a McCandless) y todo su equipo a la mismísima Alaska a rodar "Into the Wild" ("Hacia rutas salvajes"), una de las ganadoras del reciente Festival de Cine de Roma y de futuro estreno en Chile.

EN EL CAMINO

Generalmente la crítica al "capitalismo salvaje" en el cine comercial está en la violencia o la comedia irónica ("Borat"). "Into de Wild", al contrario, es un verdadero drama griego.
"La fuga y la búsqueda de algo que al final es la libertad es lo que me atrajo de la historia. Ojalá que inspirara a los jóvenes occidentales a renunciar a las comodidades de la vida moderna para buscarla y al final conocerse a ellos mismos", señaló Penn en Roma. "Hay que hacer todo lo necesario, incluyendo el cambio de piel, para sentirnos vivos de verdad", dice el actor/director quien viajó a apoyar a Irak antes de la invasión estadounidense, reporteó el desastre del huracán Katrina para Rolling Stone y ahora defiende a Hugo Chávez ante el espanto del célebre entrevistador David Letterman.
Mientras el protagonista se sumerge en la naturaleza (no por nada era fanático de Jack London), uno comienza a desesperarse porque conoce el final. Pero también existe una foto donde aparece junto a las latas del bus abandonado que le sirvió de refugio. Y tiene esa clase de rostro feliz que pocas veces se ve en las ciudades.
La música de Eddie Vedder, en su mayoría canciones acústicas y tristes, suenan perfectas para la epopeya de este chico que comenzó en 1992 cuando Pearl Jam la rompía con su disco Ten.
Después de todo, McCandless encarna a la perfección la década pasada, antes que Internet fuera el gran espacio social y los jóvenes demasiado individualistas para montar una revolución, especialmente porque sus padres fracasaron en ello.
"La rabia ante la estupidez es el mejor combustible para crear", señaló ante Penn frente a un público que terminó aplaudiendo de pie esta película. Es que, a pesar de todo, parafraseando a Bogart: "siempre tendremos Alaska".

Embarazo no deseado


Difícil entender por qué Juno ha sido tan glorificada en todo el mundo. Difícil entender por qué la Academia de Hollywood considera que es una de las 5 mejores de 2007, dejando bajo la mesa a varias harto mejores (Zodíaco es un ejemplo). La película es una comedia menor, protagonizada por la insoportable Ellen Page y tiene uno que otro momento bonito, sin duda, en especial sus 5 minutos finales, donde hay más verdad que en todo el metraje. Pero es cartuchona y políticamente correcta (el Ministerio de Salud debería tomarla como ejemplo: "Niña, si te embarazaste, no te preocupes, sólo dala en adopción, es re fácil hacerlo..."), aborda el tema del embarazo adolescente como si nunca si hubiera tratado antes, la protagonista parece todo un ejemplo de madurez y sólo al dar a la luz cae que estuvo 9 meses en estado de gravidez, los personajes parecen de cartón piedra (en especial esos liberados padres), tiene una onda cool de cinta independiente que atora un poco (salpicada de referencias pop gratuitas, sólo par "dar con la onda" a Argento y Sonic Youth) y no pocos pasajes lamentables. Una cinta sobrevalorada como pocas.

Premiación freak


Esto salió en el Diario electrónico de la Universidad Mayor...

"El programa "Héroes" emitido por Canal 13, recibió el premio al mejor programa de la Televisión Chilena, que entrega por segundo año consecutivo la Facultad de Comunicación y Diseño de la Universidad Mayor. El jurado integrado por especialistas en el área periodismo y del mundo audiovisual chileno, realizó una completa selección de piezas televisivas para los diversos campos temáticos, premiando la creatividad, factura, aporte de ideas, función social, innovación y trascendencia a públicos diversos en nuestra televisión local.
En la oportunidad el comité presidido por la Decana de la Facultad, Lucía Castellón e integrado por Carlos Araos, Director de la Escuela de Comunicación Audiovisual; Mario Boada, Director de Comunicación Estratégica; Rosario Gutiérrez, coordinadora del Bachillerato de Comunicación; Soledad Gutiérrez, periodista de Espectáculo de El Mercurio; Rodrigo Munizaga, periodista de espectáculo de La Tercera; Soledad Rivas y Loreto Mellado, representantes del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes y Soledad Suit, investigadora del Consejo Nacional de Televisión, debatieron sobre la televisión chilena, sus problemáticas, propuestas y desafíos como medio de comunicación masivo, en la construcción de contenidos para las audiencias del país.
Los expertos también premiaron las categorías mejor propuesta de ficción, que recayó en "Alguien te Mira" de TVN; al mejor aporte periodístico, que destacó a "Efecto dominó" de Canal 13; al mejor aporte educativo que premió a "Diagnóstico" de Canal 13 y al mejor programa de entretención, que recayó en el espacio "Quién quiere ser millonario" de Canal 13.
Lucía Castellón, señaló que a partir de esta nueva entrega de los Premios a la Televisión Chilena 2007, la Universidad Mayor reafirma su compromiso por generar espacios de reflexión hacia la producción televisiva, desde parámetros de trascendencia y de contenidos aportadores y relevantes para la educación en audiencias hoy en proceso de formación".

CATEGORÍAS DE PREMIACIÓN:- Premio al mejor programa de la televisión chilena: "Héroes", Canal 13.- Premio a la mejor propuesta en el campo de la ficción: "Alguien te mira", Canal 7.- Premio al aporte cultural televisivo: "Héroes", Canal 13. Mención Honrosa: Epopeya, Canal 7.- Premio al aporte periodístico informativo: "Efecto dominó", Canal 13. Mención Honrosa: Cadena Nacional, Canal Vía X.- Premio al aporte informativo educativo: "Diagnóstico", Canal 13.- Premio a la entretención televisiva: "Quién quiere ser millonario", Canal 13. Mención Honrosa: "El club de la comedia", Canal 11.

Fuente: Diario Electrónico Universidad Mayor.

Lo que está sonando: PJ Harvey


White Chalk se llama la octava placa de estudio de PJ Harvey (38), que sucede al estupendo y colérico Uh Huh Her (2004, que presentó en Chile en un mezquino show en el SUE) y que marca un nuevo cambio en la cantante, quien esta vez deja la guitarra de lado para componer los once temas nuevos frente a un piano.
Coproducido por John Parish, habitual colaborador de la cantautora inglesa, y Flood (quien ha trabajado con Nine Inch Nails, U2 y Depeche Mode), se trata de un trabajo intimista y de corta duración (apenas 33 minutos), que necesita más de una repasada para procesarlo y cuyas letras van desde una chica enamorada que debe tragarse su orgullo (The Piano) o de otra que le pregunta a su madre qué hacer para crecer (Grow, Grow, Grow).
El estupendo single When Under Ether advierte lo que vendrá: canciones con sentimientos, oscuras y reposadas, con la voz de una de las mejores intérpretes de la última década y que, una vez más, sorprende reinventándose.

10 mejores besos de la historia del cine


1. Clark Gable y Vivian Leigh Lo que el Viento se Llevó (1939). Un beso no, bueno ya. Mientras arde la ciudad de Atlanta, él la toma en sus brazos y ella se resiste, pero luego cede.
2. Burt Lancaster y Deborah Kerr en De Aquí a la Eternidad (1953). Un beso sexy, con ambos tirados en la arena mientras unas olas los cubren. Para la época, toda una provocación. Una imagen mil veces imitada.
3. James Stewart y Kim Novak en Vértigo (1958). Alfred Hitchcock hizo el truco: la cámara gira 360º aunque en rigor eran los actores los que giraban en una plataforma. Y con Bernard Herrmann de fondo. Soberbio.
4. El kiltro y la perra de raza en La Dama y el Vagabundo (1955). Van a comer a un restaurante un plato de tallarines y el último lo comparten hasta darse un beso. Escena animada, pero que muchos han tratado de imitar.
5. Audrey Hepburn y George Peppard en Desayuno en Tiffany (1961). Ella corre y él detrás hasta que la alcanza y se besan, mientras está lloviendo. El beso bajo la lluvia por excelencia.
6. Leonardo DiCaprio y Kate Winslet en Titanic (1997). La escena más imitada de la última década: él la toma por la cintura en la proa del barco, ella alza sus brazos y gira para besarlo.
7. Humphrey Bogart e Ingrid Bergman en Casablanca (1942). Una película romántica por excelencia, en blanco y negro y con una pareja que siempre tendrá París.
8. Ryan Gosling y Rachel McAdams en Diario de una Pasión (2004). El beso hot: él la toma en sus brazos y se dan un beso bajo la lluvia que luego sigue en la casa y que deriva en una arrebatadora escena de amor.
9. Richard Gere y Debra Winger en Reto al Destino (1982). El va a la fábrica donde trabaja ella, vestido de uniforme, la carga en sus brazos, la besa y todas las trabajadoras comienzan a apludir. Un clásico.
10. Jake Gyllenhaal y Heath Ledger en Secreto en la Montaña (2005). Suele encabezar todos los rankings de mejores besos y en 2005 ganó en los MTV. Un beso pasional, tras cuatro años en que no se habían visto.

10 entrañables películas de adolescentes


1. Cuenta Conmigo (1986). Pocas películas han sido tan certeras para retratar la adolescencia como ésta, sobre cuatro amigos que salen de excursión. River Phoenix, inolvidable.
2. La Ley de la Calle (1983). Rusty James sólo quiere ser como su hermano mayor. Basada en la estupenda novela de S.E. Hinton, con una impresionante fotografía y con Matt Dillon en el rol de su vida.
3. Adios a los Niños (1987). La amistad de dos adolescentes en un internado de París, durante la Segunda Guerra Mundial, que termina con una mirada de esas que no se olvidan. Los niños que deben crecer a la fuerza.
4. Rebelde sin Causa (1955). James Dean es el nuevo chico del colegio y Natalie Wood pone sus ojos en él, en medio de carreras de autos y peleas con los matones del curso. La cinta que marcó escuela en el género.
5. Donnie Darko (2001). La cinta de culto de Jake Gyllenhaal sobre un chico que, tras haber escapado a la muerte, tiene visiones con un conejo gigante. Un guión desquiciado. Pura melancolía y un misterioso final.
6. Grease (1978). Olivia Newton-John tenía 30 años y John Travolta 24 cuando hicieron de Danny y Sandy, que se supone que eran colegiales. Pero da igual. Cantaban y bailaban increíble.
7. Las Vírgenes Suicidas (1999). Cinco chicas bellas provocan la pasión adolescente de un vecindario. Hasta que se desata la tragedia. Ni Sofia Coppola ni Kirsten Dunst han vuelto a toparse con un guión como éste.
8. El Club de los Cinco (1984). Un clásico, la cinta generacional de los años 80, con cinco colegiales que se juntan en la sala de castigos y con la ídola de esos tiempos, Molly Ringwald, deslumbrante.
9. Y Tu Mamá También (2001). Diego Luna y Gael García Bernal están saliendo del colegio y se quieren mucho. Un viaje por México hace que crezcan de golpe y porrazo. La cinta sobre el fin de la adolescencia.
10. Supercool (2007). La revelación de este año, con la historia de dos amigos que se quieren, pero que la vida los separará tarde o temprano. Gran comedia, gran guión. El personaje de McLovin ya es de culto.

10 placeres culpables del pop chileno


1. Maldito Amor, de Supernova. No digas que no sientes nada cuando la escuchas. El trío adolescente más exitoso de todos, que esta noche toca en la discoteque Blondie. Un tema que ya es un clásico.
2. Hay un Límite, de Aleste. "Hay un límite que rompe del deseo", es una frase que está en el inconsciente colectivo. Y su video, con las patadas al platillo de la batería y las palmas al final ("Eso es amar, uuuhhh?.").
3. Pa Ran Pan Pan, de Juan Antonio Labra. "De los negros cumbancheros yo soy el negro más guapetón, si me hablan en inglés pues en el momento contesto yes". Clásico de clásicos. Subvalorado en su tiempo.
4. Atrévete a Amar, de Sol Azul. "Baila, baila sin pensar, baila, baila sin parar", decía el tema central de la teleserie Adrenalina. Cathy Winter, las reinas de la noche, haz tu cabeza estallar, baila, baila.
5. Dame Luz, de Nicole. Las telenovelas están metidas en nuestras cabezas. Para qué renegarlo. Esta era de Amor a Domicilio. El video, una joya, con velitas, Cristián Campos, Tomás Vidiella y otros bailando y saltando.
6. Ven, Ven, Ven, de Karen Paola. Uno la escucha y vamos con la coreografía. "Bang, bang, bang, luego bum, bum, bum", dice el inspiradísimo coro. Un tema que ya se valora en las fiestas kitsch.
7. La Tarde Está Llorando y es por Ti, de Claudio Reyes. En sus mejores tiempos, cuando Reyes era Luchito de La Torre 10 y entonaba este tema como Zalo Reyes, con una lágrima en la garganta. Pura emoción.
8. Y Que se Yo, de Eduardo Valenzuela. Otra de teleserie: de Bellas y Audaces. "Un trotamundo soy, como cualquier canción que por el aire vaga". Kiki Blanche, el debut de Ana María Gazmuri. Tantos recuerdos.
9. Filo Contigo, de Miguelo. "Qué mala onda se te ha metido", partía la letra, con un video de culto que incluía una moto, una escopeta y un helicóptero que al final perseguía a un Miguelo vestido de Rambo. Nooo, pasa na'.
10. Ya Nada es Importante, de Keko Yunge y Marcelo Barticcioto. "Me cuesta respirar, sin ti me falta el aire" y "mi remedio era tu voz", son frases que interpretó a todo pulmón el ex colocolino.

Lo que está sonando: R.E.M en vivo


Una de las bandas estadounidenses más influyentes de las dos últimas décadas acaba de editar R.E.M. Live, que consta de 22 canciones más un DVD con los dos conciertos que hicieron en 2005 en Dublín y que dan vida a este trabajo. Temas imprescindibles como Man On The Moon, Losing My Religion, Everybody Hurts, Orange Crush y Drive componen una edición de lujo que resulta imprescindible para fans y que tiene un sonido de lujo. La voz de Michael Stipe suena algo aguardentosa en los primeros tracks y luego da paso a sentidas interpretaciones, como las que suele dar en cada espectáculo, aunque, salvo un par de excepciones, la mayoría son temas en sus versiones originales y dejan poco espacio para la improvisación.
Una de las novedades es la inclusión de un tema inédito: I'm Gonna DJ, bastante ágil y que recuerda la primera etapa de la banda de Geogia, que nunca ha venido a Chile pero que tocó en Argentina en 2001. El grupo ahora está concentrado en su próxima placa de estudio, que producirá Jacknife Lee (U2) y que será el primero desde Around The Sun, editado hace tres años. Este trabajo en vivo, en tanto, es aperitivo para lo que viene, de una banda fundamental en la historia del pop.

Lo que está sonando: Eddie Vedder en solitario


El cantante de Pearl Jam pega el salto como solista para el soundtrack de Into the Wild, la nueva película de Sean Penn. Y el resultado, por cierto, suena bastante bien. Canciones en formato acústico, con la clásica voz desgarrada de uno de los iconos del grunge y en un plano íntimo, acompañado principalmente por su guitarra. Gracias al trabajo, el cantante figura como nominado al Globo de Oro y suena como posible candidato a los premios Oscar. Sus coqueteos con el cine tiene antecedentes: él compuso el tema central de El Gran Pez, la notable cinta de Tim Burton.
Esta vez Vedder aceptó de buena gana la propuesta de su amigo Sean Penn para musicalizar su película, que narra la vida y muerte de Christopher McCandless, quien abandona la civilización para viajar hacia las regiones más duras de Alaska.
El resultado son 11 canciones entrañables y adictivas, todas compuestas por el frontman de Pearl Jam, a excepción de Hard Sun (de Gordon Peterson e incluida por el grupo Indio en su álbum Big Harvest) y Society (compuesta por el cantautor Jerry Hannan).
Un estupendo aperitivo para una cinta que no tiene fecha de estreno en Chile pero que promete.

Lo que está sonando: El último disco de Neil Young


A los 62 años, Neil Young tiene fuerza de sobra. Y con Chrome Dreams II, editado hace un par de meses, demuestra por qué es uno de los cantautores más influyentes. Se trata de la segunda parte de un álbum cuya publicación estaba prevista en 1977 pero que finalmente no se llegó a lanzar y cuyo máster original se perdió en un incendio que destruyó la casa que el cantante poseía en Malibú en 1978. Por eso hay tres temas antiguos y siete nuevos, producidos por The Volume Dealers y Niko Bolas.
Entre los temas, seduce a la primera oída Ordinary People, de ni más ni menos que 18 minutos. ¿Un suicidio comercial? De hecho, es un track tan arrebatador que, de algún modo, eclipsa a las otras nueve canciones, con una guitarra certerísima que recuerda su paso por la banda Crazy Horse y que debe ser un lujo escuchar en vivo.
También destacan la bellísima Shining Light y las rockanroleras Spirit Road y Dirty Old Man. Claro, también hay un par de tracks más flojos, pero los puntos altos son mayoría. Con esa voz sucia y aguardentosa de Neil Young, el llamado primer grunge y que a sus años y experiencia todavía es capaz de sorprender gratamente.

Lo que está sonando: Bob Dylan revisitado


¿Cómo reversionar a un artista como Bob Dylan? Parece un suicidio pero fue lo que Todd Heynes les propuso a un grupo de artistas para su filme I'm Not There, que tiene a Cate Blanchett como una de sus protagonistas (en la foto). Ese temor se traspasa en algunas versiones, pero hay excepciones. Sonic Youth, por ejemplo, se atreven con I'm Not There y se apropian de ella, con una guitarra que retumba de fondo y esa voz desesperanzada de Thurston Moore. Eddie Vedder, quien viene de hacer la estupenda banda sonora a Into the Wild, vuelve a acertar con All Along the Watchtower (1967), que antes ya había sido sido revisitada por Jimi Hendrix.
Entre los que fallan están Richie Havens (Tombstone Blues) o Sufjan Stevens (Ring Them Bells), que suenan tan compuestos que uno se pregunta para qué cantar algo que originalmente sonaba mejor. Yo la Tengo, en cambio, le da una onda especial a Fourth Time Around pero repite acordes como si fuera karaoke en I Wanna Be Your Lover, mientras que Charlotte Gainsbourg suena ultra sexy en ese tremendo tema que es Just Like a Woman. Para el cierre, una joyita: la grabación de 1967 de I'm Not There, donde Dylan suena muy sentido y con voz temerosa. Una placa dispareja pero que seduce.

La Ultima Carcajada de Heath Ledger



A la espera de su último filme, donde interpreta a un Guasón más burlesco y dañado que nunca, abundan versiones sobre el día de su muerte, el martes de esta semana. El actor quería dirigir este año y dicen que nunca se repuso de su ruptura con Michelle Williams.

Una escena tremenda: en Secreto en la Montaña, Ennis Del Mar (Heath Ledger) aspira el aroma de la camisa colgada en el clóset de Jack Twist (Jake Gyllenhaal), intentando recordar el amor perdido. Una escena terrible: CNN transmite el traslado del cuerpo sin vida de Heath Ledger (28), desde un edificio en Manhattan, mientras un centenar de fotógrafos y cámaras de TV hacen brillar la camilla a ruedas que lleva con una capa oscura y cuatro amarras el cadáver del australiano. El cómo y por qué sucedió ha dado para diversas versiones: inicialmente la policía de Nueva York dijo que el departamento donde ocurrió la tragedia pertenecía a Mary-Kate Olsen, pero luego se retractaron. También la policía habló de "claros signos" de que se trataba de un suicidio, pero horas más tardes mencionaron tres frascos de pastillas en la pieza, de que sufría de pulmonía y de que probablemente se trataba de una muerte accidental, versión que también respaldaron sus padres. Más allá del informe de la autopsia, el mito se alimenta rápidamente. Y como un misterio más de Hollywood, la historia seguramente tendrá versiones encontradas.
La muerte dejó en shock a la industria del cine. Entre otras cosas, porque el actor era considerado uno de los mejores de su generación. Ledger alcanzó a filmar 18 películas, pero definitivamente pasará a la historia por su papel de un vaquero homosexual en la cinta de Ang Lee. Por su notable actuación, que le valió una nominación al Oscar -que mereció ganar-, fue comparado en 2005 con el estilo de Marlon Brando y Sean Penn: tipos rudos, que actúan básicamente con gestos y miradas y que parecen vivir literalmente el personaje. Por rodar esa cinta, además, conoció a Michelle Williams, quien transformó su vida: tuvieron una hija (Matilda Rose, que hoy tiene dos años y de la que Jake Gyllenhaal es el padrino). La relación con ella terminó sorpresivamente en septiembre pasado.
Ese mes, aseguran algunos reportes de medios estadounidenses, habría intentado suicidarse, pese a que la pareja había dicho que su ruptura había sido "en muy buenos términos" y luego de "tratar de hacer lo posible para que todo resultara", como aseguraron sus agentes a la revista People. Cuatro meses después, accidentalmente o no, murió, llevándose consigo sus enigmáticos últimos meses de vida, salpicados desde por una depresión profunda por el quiebre con Williams hasta supuestos affaire con Lindsay Lohan y la top model Helena Christensen, que nunca fueron confirmados. Esta última, de hecho, dejó un mensaje en la contestadora diciéndole que iba a visitarlo el día de su muerte. La modelo quedó consternada cuando se enteró de la notocia: "Estoy triste y shockeada. Acababa de dejarle un mensaje y oír su voz en la máquina. Él era un ser especial y genuino, con un extraordinario talento y muy honesto con sus sentimientos", declaró a la revista Female First.

Why So Serious?
La carrera del australiano fue errática y con uno que otro proyecto que no tomó el vuelo que se esperaba, como Ned Kelly (2003, junto a Orlando Bloom), Los Hermanos Grimm (2005, con Matt Damon) o Casanova (también de 2005). Incluso se salvó de estar en ese bodrio de marca mayor llamado Alexander, porque a último minuto el cineasta Oliver Stone lo dejó de lado para preferir a Colin Farell. Pero también acertó en algunas, como muy liviana pero entretenida El Patriota (2000, con Mel Gibson), la comedia adolescente 10 Cosas que Odio Sobre Ti (1999, donde tiene una memorable escena cantando Can't Take My Eyes Off You) y fundamentalmente por Cambio de Vida (2001, donde interpretó al hijo suicida de Billy Bob Thornton) y en I'm Not Here, donde fue uno de los actores que interpretó a Bob Dylan.
Sin embargo, el mayor proyecto fílmico de su carrera, y que prometía consagrarlo como estrella, aún está por verse. Porque para el 17 de julio se espera el estreno de la que, con seguridad, será su gran taquillazo: Batman, El Caballero de la Noche, donde encarna al Guasón. Las imágenes que se han adelantado perturbaban antes de su muerte y más ahora: Ledger luce su cara blanca de maquillaje, los labios rojos y con cicatrices y el pelo verde preguntando Why So Serious? Un Joker oscuro que, dadas las circunstancias, se verá aún más tétrico cuando se estrene en los cines y donde, se ha adelantado, el actor logra un formidable desempeño. El estudio, Warner, ya hizo cambios y decidió quitar la frase de su campaña promocional luego de la tragedia, por la connotación que ahora podría tener. Ya se habla de que será una película de culto y el actor, antes de fallecer, había hablado profusamente de la experiencia de rodarla: "No había ninguna limitación sobre lo que el Guasón podía decir o hacer. Nada lo intimida, porque para él todo es una gran broma. Es el trabajo más entretenido que he hecho y que probablemente haré", lanzó en una entrevista, cuando estaba en buenas relaciones con la prensa. Porque la relación con los medios fue tirante: en 2006 denunció que los paparazzi lo habían echado de su natal Australia, al punto de vender la casa que tenía en Sydney. "Siento como su los paparazzi estuvieran pateándome fuera de la ciudad", dijo en esa oportunidad.
Quienes conocieron al actor -que nunca tuvo estudios formales de teatro y que ni siquiera terminó su educación secundaria- lo han definido como "extremadamente tímido", "buen actor" y "buen padre", pese a su fama de galán que lo llevó a emparejarse con actrices como Naomi Watts (con quien pololeó un año y medio) y Heather Graham. Dicen que se fue de su casa a los 16 años y con 69 centavos en el bolsillo, que desechó una prometedora carrera en el mundo del hockey y que también dejó atrás a sus padres divorciados y a sus tres hermanas que, como dijo una vez, lo veían como a un extraño. "Si trato de regresar a Australia tanto como puedo es sólo por ellas", reconoció en una entrevista.
La sorpresiva muerte del actor -que tomaba clases de canto y piano y que era dueño de un pequeño sello discográfico llamado Masses Music, en Los Angeles- dejó varios proyectos inconclusos. Uno de ellos es la nueva cinta de Terry Gilliam, The Imaginarium of Doctor Parnassus, que había comenzado a rodarse en diciembre. También quedó en el camino Tree of Life, próximo proyecto de Terrence Malick, para el que Ledger estaba negociando fichar como protagonista, según The Hollywood Reporter, para estar junto a Sean Penn. Además, queda la incógnita de cómo habría sido su ojo tras las cámaras: hace un par de meses había confesado que quería debutar como director de cine antes de fines de 2008. Una de tantas cosas en la vida de Ledger que quedan sin respuesta.

10 memorables escenas de canto en el cine


1. Marilyn Monroe cantando Diamonds Are a Girl's Best Friend en Los Caballeros las Prefieren Rubias (1953). Ella de traje rosado, enjoyada y con abanico. Una imagen imitada pero jamás igualada.
2. Ewan McGregor cantándole Your Song, de Elton John, a Nicole Kidman en Moulin Rouge! (2001). El momento en que Satine se enamora de Christian y que le devolvió el alma a la setentera canción.
3. Liza Minelli cantando (y bailando) Life Is a Cabaret en Cabaret (1972). Vestido morado, juego de luces y ella. Para qué más. Ella tiene otra gran escena: interpretando New York, New York en la cinta del mismo nombre.
4. Gene Kelly cantando (y bailando y zapateando) I'm Singing in The Rain en Cantando Bajo la Lluvia (1952). Feliz, bajo la lluvia y sin soltar el paraguas por largo rato, hasta que llega un policía. Clásico de clásicos.
5. Michelle Pfeiffer interpretando Makin' Whoopee en Los Fabulosos Baker Boys (1989), vestida en un traje rojo y arriba del piano. Una de las imagenes más sensuales de las últimas dos décadas. Pfeiffer, guapísima.
6. John Travolta y Olivia Newton-John cantando Summer Nights en Grease (1978). Cada cual por su lado, contándoles a los amigos cómo se habían conocido. Bonito. Ingenuo.
7. Rita Hayworth cantando Put the Blame on Mame en Gilda (1946), enfundada en traje negro y un par de largos guantes de terciopelo que termina sacándose, y que para la época causó escándalo.
8. Judy Garland cantando Over The Rainbow en El Mago de Oz (1939). Pura melancolía en el granero y junto a su perro. Además, la película es un clásico infantil.
9. Julie Andrews cantando The Sound of Music en La Novicia Rebelde (1965), en medio de un prado y enseñándoles a los niños la escala musical. A muchos le da urticaria, a otros les fascina y se la saben de memoria.
10. El elenco de Casi Famosos (2000) cantando Tiny Dancer, de Elton John, arriba del bus que llevaba a la banda Stillwater. Un tema olvidado que Cameron Crowe rescató para lograr una escena inolvidable.

Las 10 mejores películas estrenadas en Chile en 2007


1. Zodiaco. Los crímenes de un asesino en serie son la excusa para hablar de dos grandes temas: la obsesión y el fracaso. Actuaciones, dirección de arte y escenas inolvidables. Una cinta soberbia.
2. El Laberinto del Fauno. Con una estética para quedar embobado y una música de lujo de Javier Navarrete, posee uno de los finales más tristes que se hayan visto. Conmovedora y sensible.
3. Supercool. El fin de la adolescencia, la historia de una intensa amistad, de esas que sólo se forjan cuando eres chico, mil bromas, un guión inteligente y un personaje de lujo: McLovin. La comedia del año.
4. Niños del Hombre. Tiene un par de planos secuencia hacia el final de su metraje que son de antología. Su estupenda fotografía y el gran Clive Owen la convierten en una imprescindible cinta futurista.
5. Ratatouille. Los Simpson habría sido muy taquillera pero no estuvo ni cerca de llegarle a los talones a este nuevo prodigio animado, con una inteligente historia y un protagonista adorable.
6. La Reina. Helen Mirren se llevó el Oscar por encarnar a la reina Isabel II y tenía méritos de sobra: su actuación es un verdadero lujo, acompañada por un guión preciso, que funciona como reloj.
7. El Asesinato de Jesse James por el Cobarde Robert Ford. Cassey Affleck está increíble en su rol, patético, vergonzoso pero muy humano. Brillante fotografía y toda una parábola del protagonista/antagonista, del bueno y el malo, el famoso y el que quiere serlo (y jamás lograrlo).
8. Cartas desde Iwo Jima. El maestro Clint Eastwood miró desde el punto de vista japonés la Batalla de Iwo Jima. Y lo que registró, con una imagen impresionante, fueron historias y escenas brutales y memorables.
9. Michael Clayton. Un grupo de estupendos actores haciéndole honor a un material intenso y contenido. Un thriller que renueva una historia conocida, dejando de lado la parafernalia para enfocarse en las relaciones humanas.
10. Paris, je t'aime. Una serie de historias breves, algunas para olvidar y otras entrañables. Entre estas últimas, la protagonizada por Natalie Portman y la última, a cargo de Alexander Payne y que dan ganas de atesorar.

10 mejores canciones chilenas de 2007


1. Gran Santiago, de Teleradio Donoso. El entrañable track, que da nombre al disco de la mejor banda local de 2007, es un trasunto de esos buenos viejos tiempos que uno atesora. Un tema notable, que cuenta con un video a la altura.
2. La Enredadera, de Leo Quinteros. "Tuve que elegir subir o dejarme hundir", dice parte del desgarrador tema de Quinteros, quien en Los Accidentes del Futuro demostró que es el letrista más aventajado de la escena actual.
3. Promesas, de Los Mono. Un tema de culto, cuyo adictivo video lleva casi 900 mil visitas en YouTube. La joyita bailable del año que se fue y un video que demuestra que menos siempre es más.
4. Pelos, de CHC. Estupendas rimas en perfecta sincronía con bases rítmicas y sintetizadores. La banda liderada por Sebastián Silva se anotó otro gran tema bailable de la temporada.
5. Sonic Redemption, de The Ganjas. Rememorando el rock psicodélico de los 70, este trío se despachó un single demoledor, con letra en inglés y el sonido de una guitarra poderosa.
6. Fuerza y Fortuna, de Fother Muckers. El vocalista Cristóbal Briceño canta en vivo como si estuviera poseído por Sandro. De su placa debut, No Soy Uno, esta canción resulta adictiva y es una pequeña joyita pop.
7. Muérdete la Lengua, de Francisca Valenzuela. Uno podrá decir que le falta estilo propio y que su placa debut es dispareja, pero hay que reconocer que este es un estupendo single, que derrocha energía.
8. Llorar Aquí Mismo, de Los Ex. La banda de Colombina Parra se despacha un tema rabioso, y que forma parte de un disco interesantísimo que los volvió a poner en el circuito.
9. Juliette, de Adrianigual. La última revelación local editó un tema pegadísimo e ideal para bailar, que recuerda a ratos la onda que tenía el grupo Pánico a mediados de los 90. Un grupo al que hay que seguirle los pasos.
10. Esgrima, de Gepe. "Somos más parecidos, iguales y ninguno", reflexiona en una de las canciones de su delicado álbum Hungría. Un cantautor al que le falta fuerza en vivo pero que en estudio es impecable.